Preludio de La Traviata

Violeta no sabía que en la fiesta que organizaba para celebrar la cura de su enfermedad, acudiría Alfredo. Mientras atravesaba el desierto en el peor momento de su mal, soñaba a cada instante con un ángel que le mantuviese con vida. Sin ningún disimulo, mientras sonaba la orquesta, sus ojos se clavaron fijamente:  Alfredo tenía la misma cara del ángel que le dio fuerzas para reponerse. Lo que nunca sospechó es que Alfredo le llevó dulces de una manera anónima todos los días sin faltar jamas a su cita. Lo que nunca sospechó es que esa noche después del ultimo baile Alfredo le jurase amor eterno.