Las cosas del querer

Si no somos capaces de recordar dónde dejamos el paraguas, el móvil o el DNI, que tienen soportes materiales, son de uso cotidiano y son externos, es razonable asumir que se nos olviden “cosas” que son de menos uso y que se guardan internamente por impulsos eléctricos, como pudiera ser una fecha o un código. Son cosas de la vida...





Si tu gente no me quiere,
ni a ti te traga la mía,
porqué tú te has vuelto loco
y yo estoy loca perdida,
si tú no tienes dinero
y yo no tengo dos reales,
¿qué vamos a hacer, sentrañas,
con tan grandes capitales?
¡Válgame la Soledad!,
si somos uno del otro,
¿quién nos puede separar?

Son las cosas de la vida,
son las cosas del querer,
no tienen fin, ni principio,
ni tienen cómo, ni por qué.
Tú eres alto y yo bajita,
tú eres rubio y yo tostá;
tú de Sevilla, la llana
y yo de Puerto Real.
Que no tiene nada que ver
ni el color, ni la estatura
con las cosas del querer.

Si tú me quieres de noche
y yo te quiero de día,
si yo bebo de tu boca
y tú bebes de la mía.
Si el aire que tú respiras
es el que estoy respirando,
¿Para qué nos piden razones
del qué, del cómo y del cuándo?
Lo nuestro tiene que ser
aunque entre el uno y el otro
levanten una pared.

Son las cosas de la vida,
son las cosas del querer,
no tienen fin, ni principio,
ni tienen cómo, ni por qué.
Tú eres alto y yo bajita,
tú eres rubio y yo tostá;
tú de Sevilla, la llana
y yo de Puerto Real.
Que no tiene nada que ver
ni el color, ni la estatura
con las cosas del querer.

Tú eres alto y yo bajita,
tú eres rubio y yo tostá;
tú de Sevilla, la llana
y yo de Puerto Real.
Que no tiene nada que ver
ni el color, ni la estatura
con las cosas del querer.